Las claves de la política exterior de Joe Biden

El 7 de noviembre Donald Trump escogía Twitter para lanzar un mensaje incendiario, una vez más, en el que aseguraba haber ganado las elecciones cuando ni siquiera había finalizado el recuento de votos: «¡HE GANADO ESTAS ELECCIONES, POR MUCHO!», escribía el republicano usando mayúsculas para ser fiel a su estilo. Una hora más tarde la cadena CNN anunciaba la victoria de Joe Biden en el estado de Pennsylvania, lo que le convertía definitivamente en el presidente número 46 de los Estados Unidos y el más votado en la historia del país. Trump conoce las noticias en un campo de golf, protegido del sol y la deportividad por su gorra blanca con el lema «Hacer a América grande otra vez». Mientras, Biden está ya preparando su llegada a la Casa Blanca, llevando bajo el brazo un plan para efectuar un cambio de rumbo en la política exterior estadounidense, desde su relación con China hasta el muro de la frontera con Méjico.

La nueva retórica contra China

Los líderes chinos siempre han mostrado indiferencia hacia los resultados de las elecciones presidenciales asumiendo que, sea quien sea el ganador, EEUU siempre jugará contra el ascenso del gigante asiático. Los expertos no creen que la victoria de Biden mejore excesivamente la relación con China, aunque Xi Jinping ha felicitado al demócrata.

La diferencia más significativa estará en el tono. Bonnie Glaser, principal asesora estadounidense para Asia, opina que tanto republicanos como demócratas serán duros con China. «Si el señor Biden se convirtiera en presidente, no utilizaría retóricas ni tácticas explícitas que criticaran a China, como lo ha hecho Trump», afirmó Glaser. «Pero eso no significa que el señor Biden suavizará el enfoque de Estados Unidos hacia China».

El líder demócrata considera que la inestable administración de Trump le ha hecho un favor a China, pero no se deshará de todas sus políticas ya que no ha dicho nada en contra de las estrategias económicas del republicano (como los aranceles a casi dos tercios de importaciones de China) por lo que es de suponer que continuará aplicándolos.

Biden tratará de trabajar junto con China en cuanto al cambio climático, pero también ha asegurado que cargará contra el gigante asiático por sus deficiencias en materia de derechos humanos (incluyendo la opresión de los uigures y la represión en Hong Kong); no permitirá que continúe con prácticas comerciales desleales, ciberespionaje o con su expansión naval agresiva en la que se disputa con Japón la soberanía de las Islas Senkaku y el Mar de China.

El próximo presidente de los EEUU tiene la intención de buscar aliados internacionales para tratar de frenar a China; como Japón, países europeos, Corea del Sur y Australia. A ellos les pedirá que se sumen a las sanciones contra China. Si se negasen a seguir el ejemplo de los estadounidenses podría afectar a sus relaciones internacionales, como ya sucedió en 2014 cuando la administración de Obama pidió a Japón sancionar a Rusia por la anexión rusa de la península. Japón se negó a hacerlo por miedo a perjudicar sus relaciones con Rusia y acabó dañando el diálogo con EEUU. 

Un papel más neutral de EEUU entre el conflicto palestino-israelí

Israel ha sido un histórico aliado de los Estados Unidos y es previsible que lo siga siendo con Joe Biden como presidente. A pesar de las llamadas de atención de la Unión Europea y la ONU por los incumplimientos de Israel del derecho internacional, el demócrata no entrará en un conflicto directo pero tampoco dará la espalda a Palestina de la manera que hizo Trump. Álex Maroño Porto, analista de El Orden Mundial, opina que “Biden va a seguir una línea diferente. EEUU siempre ha oscilado hacia el lado de Israel, lo que Trump ha mostrado estos cuatro años es esa ruptura, no se ha cortado a la hora de favorecer a Israel en detrimento de Palestina. El ejemplo más llamativo fue el apoyo a la construcción de las colonias israelíes en Cisjordania o ese cambio de la embajada estadounidense de Tel- Aviv a Jerusalén, que va en contra del derecho internacional. Biden no la va a trasladar de nuevo, lo que demuestra mucho su posición. Será menos rupturista que Trump”.

Así pues, el demócrata tratará de comportarse como un actor neutral en las relaciones entre Israel y Palestinos, con el ala izquierda del partido moderando el discurso de apoyo ciego hacia Israel; “Retomará la ayuda humanitaria que se destinaba a Palestina y que Trump interrumpió y se opondrá de una forma más abierta a los asentamientos ilegales”, afirma Maroño.  

Biden no apoya firmemente el llamado “acuerdo del siglo” en el que se daba luz verde a la adquisición de territorios en Cisjordania por parte de colonos israelíes, creando así un estado palestino poco funcional y disperso. El candidato demócrata defiende una solución de dos estados, pero es consciente de que la realidad no facilitará que se logre firmar un acuerdo. Según Marta Granados, colaboradora de ESThinktank, “Biden querría una solución de dos estados, cosa que ya es muy poco probable, por lo que seguramente cambie de idea y trate de amoldarse al nuevo escenario. Lo que Biden cambiaría con respecto a Trump sería tratar de tener en cuenta los intereses de Palestina e incluirlos en las negociaciones”.

En cuanto a la relación que Israel tendrá con Biden, es aún incierto si será mejor que con Trump. Por el momento Netanyahu le ha felicitado por su victoria en las elecciones presidenciales. Llaman la atención los resultados de una encuesta que publica la revista Time, en la que sacaron como conclusión que el 50% de los israelíes preferiría que ganase Trump, frente a un 21% que preferiría a Biden. Estos resultados contrastan con los obtenidos de la misma encuesta en el año 2016, en el que la mayoría de los ciudadanos israelíes prefería a Hillary Clinton. Esto puede deberse a que Israel ya se ha familiarizado con la política de Trump y no están seguros de lo que la victoria de Biden puede suponer, ya que al ser una figura más moderada tendrá en cuenta más que Trump los derechos de Palestina.

Un elemento fundamental a tener en cuenta para comprender la futura relación entre una administración Biden e Israel será el acuerdo nuclear con Irán, del que hablaremos ahora.

El pacto nuclear con Irán

Una de las primeras medidas que adoptó Trump al llegar a la Casa Blanca fue acabar con el pacto nuclear (JCPOA, por sus siglas en inglés) que Obama impulsó y que el republicano calificó como el peor acuerdo que había visto nunca. Lo habían firmado EEUU, Irán, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania; y según los expertos, aunque no era perfecto, funcionaba y ayudaba a retrasar un conflicto entre Irán e Israel.

Estados Unidos impuso este año unas nuevas sanciones a Irán después del ataque iraní a bases militares estadounidenses en la zona, como respuesta al asesinato del general Soleimani a mano de EEUU, después de hacerle responsable de una supuesta operación que se tramaba contra los norteamericanos y de la que supieron antes de que llegase a comenzar. Naciones Unidas criticó la operación estadounidense que mató a Soleimani y las consiguientes sanciones que se le impusieron a Irán. Después del asesinato Irán, que ya se había saltado con anterioridad los límites del acuerdo almacenando más uranio enriquecido (principal ingrediente de las armas nucleares) del que se le permitía, anunció entonces que no respetaría los límites acordados en el JCPOA, aunque no lo abandonaría.

Las sanciones estadounidenses continuarán hasta que Irán termine sus acciones de terrorismo global y se comprometa a deshacerse de sus armas nucleares. Estas sanciones se unen a las que se impusieron en el año 2018, que se fueron endureciendo cada vez más y provocaron el desplome del valor de la moneda iraní y un fuerte aumento de la tasa de inflación.

Irán aseguró que no negociaría más con Trump, pero ahora que Biden ha ganado las elecciones el pronóstico es diferente. El demócrata es partidario del acuerdo que impulsó Obama en 2015 y ha asegurado que volverá a él siempre que Irán vuelva a cumplir con los límites que se acordaron. Por parte de Irán un entendimiento no será tan sencillo, ya que exigen una compensación económica por las sanciones de Trump.

En cualquier caso, las próximas elecciones de Irán, en junio de 2021, serán fundamentales para retomar las conversaciones. Rohaní, del partido moderado, defiende el pacto nuclear; pero si gana las elecciones el partido más radical es previsible que se nieguen a negociar un acuerdo.

Por parte de Israel, Netanyahu ha defendido que el pacto nuclear sea anulado del todo, a pesar de que incluso los servicios de inteligencia israelíes están a favor de que el JCPOA sea renegociado para evitar un conflicto con Irán. Además, una eliminación total del acuerdo nuclear podría desencadenar en una carrera por armamento nuclear en Oriente Medio, que provocaría que países como Arabia Saudita adquiriesen también este tipo de armas.

Un paso hacia delante contra el cambio climático

Estados Unidos es una pieza fundamental en la lucha contra el cambio climático, pues es responsable del 15% de las emisiones globales de CO2, siendo el segundo país más contaminante del mundo, sólo superado por China (que emite un 28%). No se puede pasar por alto que Estados Unidos sigue siendo una súper potencia, aunque su liderazgo absoluto esté en tela de juicio desde hace años, lo que la convierte en un ejemplo a seguir, para bien o para mal.

Contrastando con la posición de Trump, Joe Biden opina que el cambio climático es un peligro real. En su programa, el futuro presidente de los Estados Unidos asegura que desde el primer día de su mandato trabajará para que el país llegue al año 2050 con 0 emisiones y con una energía 100% limpia. Para ello invertirá 1.7 trillones de dólares durante los próximos 10 años, que costeará revirtiendo una serie de impuestos que implementó Trump. Además, Biden creará un mecanismo por el cual las empresas deberán asumir el coste total de sus emisiones de carbono.

La decisión de Trump de salir del Acuerdo de París abría una puerta para otros líderes negacionistas como Bolsonaro. Estados Unidos volverá al Acuerdo de París cuando los demócratas tomen posesión, y Biden asegura que lo hará además de manera activa, impulsando diplomáticamente al resto de países a conseguir los objetivos ecológicos necesarios.

Obama también trató de impulsar una reforma para tratar de revertir el cambio climático, pero no logró aplicarla de forma íntegra. Es muy posible que a Joe Biden le suceda algo similar, pero en cualquier caso la política climática mejorará respecto a la del anterior gobierno.

Nuevas medidas contra el Coronavirus

Lo primero que el nuevo presidente ha hecho, una vez se ha hecho efectiva su victoria en las elecciones presidenciales, ha sido poner en marcha un nuevo plan en la lucha contra el virus. Creará un equipo de 12 científicos que asesorarán a la Casa Blanca. «Las decisiones serán tomadas por los responsables de sanidad pública, y no por los políticos», advirtió Biden, «Mi propósito es restablecer la habilidad de los profesionales y los expertos, para que puedan comunicarse sin interferencias con el público».

Mientras que Trump desacreditaba a los científicos y propagaba teorías conspirativas ya desmentidas por la ciencia, el demócrata basará sus próximas acciones en el consejo de médicos y epidemiólogos. En campaña Joe Biden prometió una acción más coordinada entre todos los estados y generalizar el uso de la mascarilla, al que Trump se ha opuesto en varias ocasiones argumentando que solamente obedece a lo “políticamente correcto”.

Unas personas afuera de la librería Bridgton Books, en Maine, el 13 de noviembre de 2020. Los casos de coronavirus en EEUU siguen aumentando. (AP Foto/Robert F. Bukaty)

Una de las declaraciones más ambiciosas que el nuevo presidente electo ha hecho en campaña ha sido prometer test gratuitos a todos los americanos. En este sentido ha asegurado que dará más prioridad al rastreo y al conteo de casos positivos. También trabajará en la protección del “Obamacare”, el sistema de atención sanitaria puesto en marcha por el gobierno del expresidente Obama en el que Biden fue vicepresidente y que Trump desmanteló casi por completo.

¿Cómo serán las relaciones con la UE?

La reincorporación de EEUU al Acuerdo de París es un paso importante para alinearse con la Unión Europea. Biden también se comprometerá más seriamente con la OTAN para resarcir el daño durante el gobierno de Trump, que había sido muy crítico con esta organización, llegando incluso a plantear la salida de EEUU cuando exigía que se aumentase la inversión de cada país. EEUU siempre ha solicitado lo mismo y cabe esperar que Biden también lo hará, pero con Trump el tono había sido mucho más conflictivo.

En materia económica aún está por ver si Biden retirará los aranceles a productos europeos como la oliva. Aunque en campaña prometió hacerlo, aún no ha presentado una oferta definitiva a la UE, por lo que la Unión Europea anunció el 9 de noviembre que los productos importados desde Estados Unidos sí tendrán aranceles. Con esta medida la UE espera que Estados Unidos reaccione y presente un acuerdo para que el tira y afloja finalice. 

En cuanto a la negociación del Brexit con la UE, Biden no será tan amigable como Trump y defenderá una salida de Reino Unido pactada previamente con la UE y su posterior cumplimiento.

El muro no terminará de construirse

El líder demócrata detendrá la construcción del muro y retirará la inversión para su construcción para redirigirla a controles en la frontera que no tengan que ver con el muro. A pesar de todo, no podemos olvidar que la presidencia de Trump no ha terminado y el proyecto seguirá construyéndose bajo su mando hasta que Biden sea investido como nuevo presidente de los Estados Unidos, el 20 de enero de 2021. Por el momento se han construido poco más de 480km. Aunque hasta la investidura de Joe Biden el gobierno siga edificándolo, no llegará a más de 725km de longitud, que se quedan lejos de los 1123km que hay de frontera entre Méjico y EEUU.  

Su política migratoria

Biden tratará de devolver la política migratoria al punto en el que estaba antes de 2017. Su política de migración es ambiciosa y las medidas que tratará de implementar, numerosas. En su programa defiende el valor económico que aportan los inmigrantes a EEUU y promete descartar las restricciones de viaje a países que han sido considerados de alto riesgo para ciudadanos norteamericanos. Acabará también la polémica separación de las familias en la frontera; renovará el programa de protección temporal para poblaciones vulnerables (TPS) y el programa de acción diferida para los llegados en la infancia (DACA), que protegerá a los dreamers; mejorará la administración del sistema de asilo; reformará el programa de visas temporales y aumentará la cantidad de refugiados que Estados Unidos acogerá hasta 125.000 con la intención de aumentar el número con el tiempo.

El diálogo entre otros países sobre inmigración tiene parte también en los planes de Biden, que convocará una reunión regional de líderes (incluyendo El Salvador, Guatemala, Honduras, Méjico y Canadá) para abordar los factores que impulsan la migración y proponer una solución de reasentamiento regional. También asegura que trabajará con Méjico y Canadá como socios y no como adversarios.

Mano dura contra Rusia

A menudo la relación entre Trump y Putin ha resultado desconcertante. Por un lado, la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre la injerencia de Rusia en las elecciones estadounidenses del año 2016 (en las que el gobierno ruso había llevado a cabo una campaña de desprestigio hacia Hillary Clinton) obedecía a una clara intención por parte de Rusia de beneficiar a Donald Trump. El republicano firmó a regañadientes las sanciones que se aplicaron a Rusia en 2017 por esta interferencia en las elecciones al Capitolio, aunque después criticó a Putin abiertamente por ello. Por otro lado, la anexión de la península de Crimea en 2014 y el envenenamiento a opositores rusos en Reino Unido perjudicaron las relaciones entre ambos países, aunque sin duda el punto de no retorno en las relaciones diplomáticas fue la guerra siria y el apoyo ruso a Bachar El Asad.

Las relaciones no mejorarán con Joe Biden, que limitará las injerencias rusas en la política estadounidense y a quien no le temblará tanto la mano a la hora de sancionar a Rusia. Otra de sus acciones será restablecer el control de armas entre ambos países y posiblemente prorrogar el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START III), que expirará el próximo año y en el que se había acordado reducir el arsenal de armas atómicas.

Relaciones más diplomáticas con Venezuela

Aunque es seguro que la estrategia de Biden con Venezuela será mucho más diplomática que la de Trump (a pesar de que en campaña describiera a Maduro como «un matón), imitando la manera en la que la Unión Europea reconoce las irregularidades del gobierno de Maduro, a la vez mantendrá una ventana de diálogo abierta con él.

Por otro lado, Guaidó siempre ha estado respaldado por EEUU en sus pretensiones por el poder de Venezuela, lo que ha provocado una polarización aún mayor de la tensión que el país sudamericano ya vivía, en lugar de una estabilidad. Guaidó espera encontrar un aliado en Biden y que continúe aplicando con dureza sanciones económicas.

Corea del Norte y la amenaza para EEUU que no ha desaparecido

Desde que en enero de 2018 Trump usó Twitter para amenazar al líder norcoreano con hacer uso del armamento nuclear estadounidense, la tensión entre ambos países fue in crescendo.

Después de tres encuentros (incluso Trump hizo historia al convertirse en el primer presidente estadounidense en visitar la zona desmilitarizada entre las dos coreas, en 2019, para reunirse con Kim Yong Un), el republicano quedó bastante satisfecho con las negociaciones con Corea del Norte logrando que los coreanos detuvieran los programas de pruebas de misiles de largo alcance y armas nucleares. El líder norcoreano no estaba tan complacido y a finales de 2019 anunció que la desnuclearización ya no era negociable con Estados Unidos y retomó las pruebas de misiles.

Por ello Biden es consciente de que el problema no ha desaparecido y de que la tensión se puede reactivar aún. El próximo presidente estadounidense negociará de nuevo con Kim Yong Un para desnuclearizar Corea del Norte y lo hará junto a otros estados aliados (llama la atención la inclusión de China en la lista).

Sacar músculo en el orden mundial

Una de las medidas que ha caracterizado a la administración Trump ha sido el abandono de diversas organizaciones internacionales que para muchos ha evidenciado un desinterés de EEUU por lo que suceda más allá de sus fronteras. La política de “America first” se ha seguido a rajatabla durante estos cuatro años de Trump en la Casa Blanca. Biden es consciente de que, debido a la crisis del Covid-19, ahora más que nunca los americanos desean que se priorice la nación frente a las relaciones internacionales. Aún así es fundamental que EEUU refuerce las relaciones internacionales que Trump perjudicó, por ello volverá a financiar la OMS, la UNESCO y volverá a participar en el consejo de derechos humanos de la ONU además de en el anteriormente citado Acuerdo de París. Con esto EEUU volverá a formar parte de algunas de las organizaciones internacionales más relevantes y allí tratará de reafirmar su papel de liderazgo animando a otros estados a seguir sus convicciones.

La posición de Biden frente a los problemas de Oriente Medio

Trump había decidido retirar las tropas de Afganistán y poner así fin a la guerra más larga en la que ha participado EEUU. Biden ha asegurado que limitará también la presencia del ejército estadounidense en Oriente Medio (aunque no con tanta presteza como Trump), continuará con la lucha contra el mal llamado Estado Islámico y Al-Qaeda y abandonará la alianza liderada por Arabia Saudita en la guerra de Yemen.

Con Biden EEUU será mucho más pro-Irán, sobre todo porque le interesa renegociar el acuerdo nuclear, y menos pro-Arabia Saudita, cuyo papel en la guerra de Yemen y sus continuas violaciones de los derechos humanos han perjudicado su imagen internacional y, por consiguiente, la de sus aliados.

La política exterior de los Estados Unidos repercutirá en el resto del mundo, pero ¿podemos esperar que Biden logre aplicar todos los cambios que ha prometido? Todo depende del Congreso, formado por la Cámara de Representantes y el Senado, ya que las votaciones sobre sus propuestas se realizará allí. En las elecciones a la Cámara de Representantes los demócratas han resultado vencedores con mayoría absoluta, pero en las elecciones al Senado el resultado aún ésta por ver ya que en el estado de Georgia ambos partidos quedaron muy igualados y será necesaria una segunda vuelta en enero. Una mayoría republicana en el Senado podría suponer un problema para Biden, puesto que se opondrá a muchas de las propuestas de los demócratas. Es más, muchos senadores republicanos siguen sin reconocer una victoria justa del demócrata, repitiendo las acusaciones de Trump sobre unas elecciones amañadas; razón de más para suponer que si los republicanos obtuvieran una mayoría en el Senado no le pondrán las cosas fáciles a Joe Biden.

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