El Covid y el ocio nocturno: cuando la diversión es un asunto serio

El primer aviso llegó desde Corea del Sur. El país que había sido alabado por su gestión de la crisis del coronavirus anunciaba durante el mes de mayo un rebrote en Seúl. Días antes un joven de 29 años disfrutaba de la noche en cinco clubes nocturnos en Itaewon, una popular zona de fiesta. Después de aquello saltó la alarma: volvía el aumento de casos. En un solo día se llegaron a contabilizar 30 nuevos positivos. Fue el primer brote de coronavirus que surgía en el ocio nocturno. Al poco tiempo muchos más países comenzaron a detectar casos relacionados en el mismo ámbito, lo que ha llevado a que los gobiernos tomen medidas al respecto. Mientras los bares cierran, las discotecas piden un registro a sus clientes, regulan el aforo o prohíben las pistas de baile, la opinión pública mira hacia los jóvenes y acto seguido a las cifras de casos positivos en aumento, pero ¿realmente los rebrotes se deben a las imprudencias de los jóvenes que hacen uso del ocio nocturno o tan sólo buscamos alguien a quién culpar?

Rebrotes en el ocio nocturno español

Antes de nada, prestemos atención a las cifras. En España hemos llegado a más de 300.000 casos positivos en total y 412 brotes activos, con más de 4.870 casos asociados. De esos 412 brotes, 30 se han dado en el ocio nocturno, lo que se corresponde con el 7,28% de los rebrotes. El primero de esos 30 tuvo lugar el 16 de julio en una discoteca de Magaluf (Mallorca), después llegó el turno de Zarautz (Guipúzcoa), Córdoba, Gandía, Totana (Murcia)… El ministro de Sanidad, Salvador Illa aseguraba en su comparecencia del 31 de julio que, de entre los brotes activos, el ámbito más frecuente es el social.

En el informe de la RENAVE (Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica) encontramos que el número de casos por Covid desde el 11 de mayo hasta el 23 de julio fue un total de 35.482 positivos nuevos. La mayor parte de los casos se concentraban en la franja de edad entre los 15 y los 29 años. Este patrón se ha estado repitiendo estas últimas semanas, lo que ha tenido consecuencias en la edad media de contagios. Si en marzo la cifra se situaba en torno a los 60 años, en julio la media ha bajado a los 40.

No han sido pocas las voces que, vistos estos datos, han comenzado a alertar sobre el peligro que el ocio nocturno y las imprudencias de una parte de la sociedad, especialmente de la juventud, ocasionan en medio de la pandemia.

Dada esta situación, las Comunidades Autónomas comenzaron a publicar en sus boletines una serie de normas y prohibiciones respecto al ocio nocturno. Además de haberse restringido el aforo en todas las comunidades, éstas son las medidas que se han tomado a lo largo del desconfinamiento en los locales de ocio nocturno por cada gobierno autonómico:

Medidas tomadas por el resto de países  

Corea del Sur

Aquellos 30 nuevos casos positivos en un solo día en Corea del Sur pueden parecernos una nimiedad desde España, donde hemos alcanzado la cifra de 1.895 contagios en las últimas veinticuatro horas, pero lo cierto es que las autoridades surcoreanas se lo tomaron muy en serio. Después de haber detectado el brote, el gobierno surcoreano se esforzó en mantenerlo bajo control. Rastrearon a los asistentes a los clubes que el joven había visitado, lo que fue posible gracias a que los clientes habían dejado datos de contacto. No fue sencillo, ya que los clubes nocturnos de Itaewon son frecuentados por la comunidad LGTBI y, dada la homofobia existente en el país, muchos habían dado un contacto falso. Para que se pudiera realizar el rastreo de manera efectiva el gobierno estableció un sistema anónimo mediante el cual los posibles contagiados sólo tenían que aportar su número de teléfono. Por si la medida tampoco sacaba a la luz al cien por cien de positivos, se hicieron seguimientos de tarjetas de crédito usadas en los locales, el historial GPS de los móviles y las cámaras de vigilancia. En dos semanas llegaron a rastrear una impresionante cifra de 46.000 personas. Los casos comenzaron a bajar a finales de mayo pero los positivos diarios han ido en aumento, aunque manteniéndose, hasta ahora, sin superar los 115 positivos al día.

Italia

Fue, sin duda, el país más afectado en un primer momento por el virus de toda Europa, pero desde el levantamiento de las restricciones Italia no ha registrado un rebrote. Aunque sí han saltado las alarmas. El primer fin de semana en la “nueva normalidad” muchos jóvenes italianos originaron aglomeraciones mientras bebían en las calles, lo que provocó que en Perugia (Umbría) el alcalde prohibiera la apertura de 21.000 locales hasta el 7 de junio. En las zonas que habían sufrido más casos de Covid, como Lombardía, los locales de ocio nocturno no se abrieron hasta el 25 de mayo.

Llama la atención el siguiente detalle: El gobierno de Conte reunió la última semana de Mayo a 60.000 voluntarios para que velasen por el cumplimiento de las normas durante la desescalada del país.

Reino Unido

Boris Johnson aún no ha puesto fecha para la reapertura de locales de ocio nocturno, para desgracia de los ingleses, que tendrán muy difícil hacer uso de este tipo de ocio en su predilecta España, debido a la imposición de cuarentena obligatoria por parte del gobierno para todo aquel que provenga de nuestro país.

El 11 de mayo Reino Unido publicaba un plan de desescalada de 3 fases, en el que establecía que la reapertura de los locales “cuyo propósito principal es la interacción social puede ser posible significativamente más tarde dependiendo de la reducción del número de infecciones”. El gobierno de Johnson quiso hacer una excepción el sábado 4 de julio, que pasó a conocerse como el “súper sábado”. Se decidió que, por ese día, abriesen todos los establecimientos de ocio nocturno, pero eso sí, se identificaría a los asistentes antes de entrar en cada local y no podrían sentarse dentro. Al día siguiente los periódicos titulaban “El super sábado acaba en un caos”. Imágenes de miles de personas en las calles de las ciudades de Reino Unido dejo clara la imposibilidad de respetar las normas de seguridad.

Francia

En Francia las discotecas y demás locales de ocio nocturno no podrán abrir al menos hasta septiembre, aunque realmente no se ha establecido una fecha. Esta decisión ha provocado que los trabajadores del sector se manifiesten en contra, asegurando que si el gobierno no cambia de opinión la mitad de los establecimientos de ese sector cerrarán si no les permiten reabrir antes de septiembre.

Alemania

En Berlín algunos de los icónicos locales de música tecno no han abierto aún sus puertas. Otros apuestan por reinventarse como el popular bar Tresor, en el que la pista de baile de ha convertido en un exótico jardín. Por su lado, las autoridades han decidido facilitar la organización de eventos al aire libre.

A pesar de todos los intentos, las fiestas y las aglomeraciones en plena calle suceden de igual manera. En el canal de Kreuzberg, en Berlín, lo que se suponía que iba a ser una manifestación a favor de la cultura acabó siendo una macro fiesta acuática sin seguridad alguna.

También es frecuente que en el parque Hasenheide se organicen fiestas ilegales en las que se han llegado a identificar a 3.000 personas.

Portugal

Desde el 30 de julio los establecimientos de ocio nocturno podrán abrir, sin pista de baile y cerrando a las 20h. Sí, a las 20h. La ministra de Presidencia del país luso, Maniana Vieira da Silva, aclaró que, ciertamente, las discotecas, bares y pubs podrían abrir, pero funcionarían como pastelerías o cafeterías.

Los rebrotes en el ámbito social han preocupado a las autoridades de nuestro país vecino. En las playas de Lisboa se han celebrado fiestas de hasta 1.000 invitados y en el Algarve tuvo lugar un brote en una fiesta de cumpleaños en la que se dieron más de 75 casos positivos, de 100 invitados.

Aumento de casos en los jóvenes

Como vemos, todos los países han tenido que restringir o prohibir el ocio nocturno, pero el problema no sólo se centra en este tipo de empresas. También los jóvenes, principal clientela de los locales de bares y discotecas, están en el punto de mira. El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, al advertir un aumento de casos positivos entre los jóvenes, alertaba: “Los jóvenes no son invencibles, los jóvenes pueden ser infectados, los jóvenes pueden morir y los jóvenes pueden transmitir el virus a otros” … “Deberían ser líderes y conductores del cambio”.

Lo cierto es que una regularización del ocio nocturno con el objetivo de convertirlo en un entorno seguro durante la pandemia es difícil. El mismo Salvador Illa lo reconocía en su comparecencia del 30 de julio en el Congreso, diciendo: “Es muy difícil en un bar cerrado, en una discoteca, tener la mascarilla y tomarte una copa y no relajarte”. Pero también es cierto que, por muchas prohibiciones que se decreten, quienes tienen la responsabilidad última sobre sus propios actos son aquellos que frecuentan los establecimientos de ocio nocturno. ¿Qué hay de la responsabilidad y la conciencia colectiva a la que se apeló desde el inicio de la pandemia? Los rastreadores han visto poco de ellas durante las últimas semanas, en las que han notado un aumento de los contagiados y sospechosos que no están respetando la cuarentena.

Muchos expertos valoran que si los jóvenes se están relajando más es porque saben que el virus no supone para ellos un riesgo mortal, aunque ya sabemos que pueden contagiarse y contagiar a aquellos para los que el virus sí podría resultar fatal. Según le contaba la psicóloga educativa y de familia, Amaia Prado, a la agencia EFE “(a los jóvenes) les ha podido calar esa idea de que el virus afecta sobre todo a la gente mayor y con patologías previas y que, en caso de padecer la enfermedad, en ellos es menos grave”. Prado opina que la vida social les importa muchos más que el virus. Después de todo el tiempo perdido durante la cuarentena, deseaban llegar a esta “nueva normalidad” para hacer todo aquello que no han podido hacer encerrados en casa durante meses. La psicóloga añade que estamos culpando a todos los jóvenes por el comportamiento de unos grupos.

De nuevo, miremos las cifras. Sabemos que hay 7730 positivos totales de la franja de los 15 y los 29 años. Un rango de edad que podría representar también a quienes más frecuentan, en general, los locales de ocio nocturno. En los rebrotes en ese ámbito hay más de 1.100 casos positivos relacionados. Por tanto, si esos 1.100 positivos rondaban esa edad, se corresponde con un 14,13% del total de positivos entre los 15 y los 29 que podrían haberse infectado en el ámbito del ocio nocturno. Tan sólo es una estimación, pero aun así el porcentaje resultante es alto.

Ni las cifras ni las imágenes que vemos en los medios de comunicación o en redes sociales ayudan a cambiar la percepción de imprudencia de algunos jóvenes cuando en los reportajes algunos afirman cosas como ésta: “Yo te puedo dar la garantía de que he hecho todo lo incorrecto para que el virus me mate y nunca me ha matado“. Si bien es verdad que muchos están esforzándose en respetar las medidas de seguridad, otros son ejemplo de lo que no debe hacerse. Es el caso de unos jóvenes que después de haber asistido a una discoteca en las que se han detectado casos de Covid, se han negado a realizarse las pruebas PCR. Otro ejemplo mucho más sonado ha sido el de una fiesta en Málaga en la que un integrante del grupo Les Castizos era grabado escupiendo alcohol a una eufórica audiencia que no llevaba mascarillas ni respetaba distancia de seguridad.

En los países ha disminuido la media de edad de casos positivos mientras han aumentado los test. Hay que tener en cuenta que esto podría indicar que ese aumento de casos entre los jóvenes se debe a que se les están haciendo más pruebas, que ya no se tienen que reservar para la población de riesgo.

Evolución de los test diarios realizados por cada mil personas. Fuente: Our World In Data

Cerrar, concienciar o aumentar restricciones

Se presentan tres opciones para el ocio nocturno y, por ende, para los jóvenes: cerrar todos locales de ocio nocturno en España, concienciar a los jóvenes sobre el peligro que implican los rebrotes en este ámbito o aumentar las restricciones para asegurar una mayor seguridad.

Si se cerrase el ocio nocturno durante cierto tiempo la economía, como es evidente, se resentiría. El sector factura 20.000 millones de euros al año, lo que representa un 1.8% del PIB de nuestro país, y da empleo a más de 200.000 personas, según Fasyde (Federación de Asociaciones de Ocio Nocturno en España).

Ramón Mas, presidente de España de Noche, asegura que el cierre de bares y discotecas provocaría que los jóvenes buscasen un ocio paralelo, incontrolable e inseguro que, de cualquier manera, ya se está dando. Según la Guardia Urbana, cada día se desalojan 15 botellones en Barcelona.

Además, los empresarios ya han dejado clara su posición en lugares como Cataluña, donde después de que la Generalitat decretase el cierre de todo local de ocio nocturno, la patronal decidió que recurriría la decisión ante el Tribunal Supremo, ya que consideran que atenta contra la libertad de empresa. Según ellos, el Govern ha actuado “sin principio de proporcionalidad” y proponen una mayor labor de pedagogía y concienciación entre los jóvenes. Amaia Prado opina que la mejor forma de llevar a cabo esta concienciación sería apelando al riego que corren sus seres queridos.

Por otro lado, un aumento de las restricciones podría llegar a ser contraproducente según Idurre Lazcano, pedagoga y doctora en Ocio y Desarrollo Humano, que cree que aumentando las prohibiciones de establecimientos de ocio nocturno los jóvenes perderán el interés: “si las restricciones son cada vez mayores y van a estar más vigilados a nivel institucional, mediático y policial, se van a ir descolgando de la propuesta”.

Así pues, algunos jóvenes han hecho del ocio nocturno el ámbito en el que tratar de recuperar lo perdido durante la cuarentena fabricando una irresponsable e imaginaria antigua normalidad que ha desatado rebrotes de un virus que nunca se fue. Si el director general de la OMS cree que deben ser los jóvenes los líderes, muchos han demostrado haber ignorado esa oportunidad, resguardándose en un pasado en el que no existían ni mascarillas ni gel desinfectante. La decisión pasa por elegir entre lo malo o lo peor, la responsabilidad o el virus.

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